qué bonicos los protones, con su carga positiva, siempre mirando la vida de frente e inyectando energía a todas aquellas partículas que así lo deseen.
vale, al principio hace falta la chispa, la electricidad para darle el tirón necesario, para que las partículas no tengan tiempo de pensar qué está pasando. simplemente se aceleran, miran a los protones y se encandilan con su gallardía.
no obstante, queridos amigos/as, ese efecto pasa rápido. las partículas pueden acabar por descubrir que lo que está haciendo el zalamero del protón es engatusarlas sin más fuste. para evitarlo, para que el experimento llegue a buen puerto, entra en juego el magnetismo...
sí, esa gran fuerza es la que ayuda a los protones a que todo siga girando, no por inercia, sino por constancia. al fin y al cabo, los protones funcionan mejor en las distancias largas.