Mucho y en muchos sentidos se ha escrito y debatido sobre esa conducta humana denominada por los barquianos más recalcitrantes como pelelismo.
El leit motif de la escuela pelelista se basa en el disfrute absoluto de todas las situaciones que la vida ofrece al sujeto, especialmente las que no han sido elegidas o provocadas por uno mismo. En definitiva, un pelele ha de dejarse llevar y no sólo no negar ninguna de las iniciativas que le son propuestas, sino participar activamente de ellas.
Así expuesto puede parecer fácil, pero ser un pelele es uno de los ejercicios más difíciles y agotadores que existen, puesto que la capacidad humana para criticar, vetar, opinar, malmeter, proponer y creerse el centro del universo hace muy difícil el disfrute total y desinteresado de los placeres que nos ofrece el resto del mundo.
No ha de entenderse al pelele, no obstante, como alguien carente de ideas o pensamientos productivos, ni de capacidad creadora. Simplemente, este espíritu se sublima, se sacrifica en pos del bienestar general y del ensalzamiento ajeno. Y es que un buen pelele, disfruta real y sinceramente de todo aquello en lo que se ha visto envuelto por iniciativa de otros seres humanos. Y disfruta, de manera hedonista, por supuesto, pero también en un alarde de generosidad, con una voluntad clara de hacer sentir bien al propositor.
Sólo hay tres preceptos claros para un pelele: nunca se critica ninguno de los aspectos de una iniciativa en la que se participa; el "yolohiceporti" nunca es un argumento aprovechable en situaciones de controversia; y, por último, el disfrute propio no ha de ser mucho mayor que el disfrute de la persona propositora.
Recordad, amigos/as, sed fuertes y convertíos en peleles, el mundo os lo agradecerá!!!