04 diciembre 2008

RELATO_009

cuenta la leyenda (urbana, por supuesto) que hace algunos años, un inventor alemán se propuso que ahorráramos algo de energía en una de nuestras rutinas básicas: tomar café.

para ello decidió diseñar unos sobrecillos de azúcar que pudieran verter su contenido al café en un solo movimiento, y sin necesidad de la sacudida de rigor de los sobres de toda la vida.

así, algún tiempo después, presentó un modelo de sobre alargado, cilíndrico y con la misma cantidad de azúcar que sus antecesores. seguro que cuando toman ustedes café se topan constantemente con ellos.

efectivamente, su diseño estaba pensado para romper el sobre por la mitad y hacer caer el azúcar directamente al café, no como seguramente ustedes, al igual que yo antes, hacen: sacudir el tubo, romper por un extremo, girar y verter.

la situación de absoluto ostracismo al que el inventor bávaro fue sometido, al hacer la sociedad caso omiso de la funcionalidad de su invento le llevó a sumirse en una profunda depresión, que le condujo, posteriormente, al suicidio...

espero que ahora entendáis porqué ya sólo abro los sobres de azúcar alargados de un movimiento...