Qué injusto y desmemoriado es el mundo de la noche y el cicaterismo. tanto que acaba siendo como el fútbol: ya puedes haber hecho 7 u 8 campañas tremendas, con goles, espectáculo, buenos pases, brega, alarde de los colores, etc. que todo eso se olvida el cuando empiezas a fallar 3 o 4 ocasiones clamorosas por partido.
De repente el buque insignia del equipo, en las puertas de su retiro, pero aún con ganas de tocarla, mientras se curten los nuevos chavales de la cantera y las viejas glorias vuelven poco a poco a retirarse a, esta, la que fue su casa con energías renovadas, es silbado en dos partidos seguidos y al día siguiente en la prensa ya se publica su posible fichaje por otro equipo, su desidia y desmotivación debido a su alto contrato, etc., etc.
A nadie le vienen entonces a la memoria aquellas jornadas de sábado mágicas en las que el otrora gran capitán, entregado totalmente a la causa, sudaba la camiseta como el primer día buscando no sólo la victoria sino el deleite de la afición. Nadie recuerda los éxitos, las celebraciones, los discursos desde el balcón, y todas esas noches de gloria colectiva...
En fin, las retiradas son así: hay que saber hacerlas a tiempo. Y sobre todo, saber esperar al partido de homenaje para hacer a la afición rendirse a tus pies y reconocer todo el bien que hiciste al equipo.