Héctor y yo llevamos juntos desde hace 14 años, unidos por esa necesidad perentoria de crear, por ese ansia de formar parte de las cosas, por esa tendencia a intentar despegarnos de lo judeocristiano de la vida y, porqué negarlo, por rafael zárate miñano (pegamento ideal y primero en discordia del trío blu).
Bien es cierto que nos separaba y quizá nos separe el sentido del humor, más tendente en su caso a la sátira social o a la flema británica, y su obsesión por el conocimiento propio, con todo lo complicado que pueda ser, ya que Héctor es de esas personas con la misma vida por dentro que por fuera. Y eso es bastante decir ya que la agenda de Héctor algún día será pieza de coleccionista. Yo le vi en el verano del 2005 unir planes sin parar con gente dispar desde mayo hasta finales de septiembre...
Héctor y yo hemos compartido bastantes cosas en estos años, sobre todo desde que llegó a madrid. Hemos compartido escenario en manzanares, la ossa, ciudad real; hemos compartido velotaxi en berlín y hemos dejado sin luz el PanoramaBar; hemos compartido más de un plato de rosada en la feria de málaga; he compartido mis ronquidos con él hasta que me ha lanzado los calcetines a la cara en varios hoteles y pensiones de la geografía española; hemos compartido sombrero de paja en la feria de albacete; hemos compartido habitación y litro de cubata en benicassim; hemos compartido disfraz en carnaval (ver foto); hemos compartido grada en la copa del mundo y en el polideportivo del parque; hemos compartido plato en un montón de casas rurales y, sobre todo hemos compartido nuestras respectivas visiones de la vida, ya entrada la treintena.
Pues Héctor, y a esto iba, se va de Madrid. Se me va un pilar fundamental de la ciudad. Esperemos que cuando se vaya se olvide la maleta recién hecha, como aquella vez, y así tenga que volver mucho por la capi, aunque tened por seguro que se adaptará como un traje de spandex a la gente que le rodee y en un abrir y cerrar de ojos estará organizando algunas cosas y formando parte de otras, siempre moooe, siempre disfrutando de la vida y siempre con sus biorritmos intactos (para mi madre, Héctor es el hombre que estuvo 40 minutos en mi baño...).
PD: Claramente, esto es un desafío al antedicho para que me haga un traje de una maldita vez. jeje.