04 abril 2008

ENSAYO_006

La mayoría de gente de mi generación tiene un problema: han/hemos luchado por sentirnos libres y vivir cuántas más sensaciones hedonistas posibles, sin tener tiempo de buscar un sentido a nuestra vida de manera algo más profunda.
Lo vital nos fue inoculado por nuestros mayores, que venían de unos tiempos donde se luchaba simplemente por vivir: nos educaron para formar una familia y conseguir un trabajo fijo hasta los 65 años.
Nosotros, como buenos peleles, nos pusimos a ello, nos fuimos a estudiar carreras universitarias que nos dieran acceso a profesiones que más o menos nos gustaban cuando teníamos 17 o 18 años, nos echábamos novias y/o novios, empezábamos a tener escarceos con el mundo laboral esporádicamente, etc. Todo ello sin perder de vista nuestro objetivo primigenio: disfrutar de la vida.
Así pues, pasados 10 años y sin un esfuerzo aparente, se ha conseguido cumplir más o menos dignamente con las exigencias sociales heredadas, en forma de organización familiar y laboral, así como con la propia exigencia de sentimiento de libertad, disfrute y gozo.
En ese punto, conseguido ese objetivo propio (tan fácilmente por otro lado) empezamos a centrar nuestra atención en lo demás, todo eso que ha salido como por inercia, por educación, por herencia, y que nos ha colocado en una posición social más o menos cómoda. Y aquí viene el problema, de repente nos damos cuenta de que eso no ha sido elegido por nosotros, de que nuestra voluntad se dejó ver a la edad de 17 años y volvió a desaparecer en pos de la consecución de unos mínimos sociales establecidos que ahora nos parecen un sinsentido. En definitiva, no hemos hecho nada por vocación, y lo peor es que a estas alturas no sabemos si tenemos vocación. Pasado un tercio de la vida ya no se disfruta de casi nada nuevo, porque hay tantas cosas que han llegado ahí porque sí, que no nos hemos ocupado ni preocupado por disfrutarlas.
Creo que el proceso de volver a encontrar una vocación vital suele durar algunos años, así que darse prisa treintañeros, cuanto antes empecemos, antes acabaremos.