05 junio 2008

ENSAYO_003

Sabéis que soy un fan acérrimo de la felicidad, a veces a costa del conocimiento, la verdad o la reflexión. No puedo decir que llevo toda la vida buscando la felicidad, porque creo que estoy instalado en ella desde hace mucho tiempo.
Algunos de mis amigos dicen que soy el rey del autoengaño, de la mentira piadosa, y que mi estrategia es ser un tibio y no decantarme nunca por nada, para luego empatizar más fácilmente con los sentimientos de felicidad del resto de la gente. Yo lo llamo diplomacia, pero bien es cierto que en mi empeño por seguir siendo feliz, necesito que la gente se sienta feliz, fite tú.
La complicación viene cuando intentas buscarle unos parámetros a la felicidad. Qué te hace feliz? Porqué? Cómo? Cuánto? Yo no sé explicar la felicidad en términos absolutos, por eso -como dicen algunos de mis amigos- quizá sean necesarios días tristes en nuestras vidas, aunque sólo sea para tener el privilegio de poder definir (por comparación) cómo te sientes cuando eres feliz, y lo mucho que engancha esa sensación.
Y que salga el sol por antequera...