Por fin he vuelto a sentirlo, como hace veinte años que no pasaba. Desde justo antes de aquel invierno, entre el 2009 y el 2010, el último invierno como tal que conoció el planeta.Veinte largos años en los que las personas como yo dejamos de tener sentido o valor alguno para la sociedad. Se dice pronto...
Todavía recuerdo cómo empezó la locura colectiva cuando la gente veía cómo el cielo seguía siendo gris, con una pertinaz llovizna de la que cae de una manera tan horizontal que las gafas no son capaces de aguantar tanto impacto. Y pasó un mes, y otro, y otro, y los políticos hablaron del cambio ese, y nada cambiaba, o es que acaso el cambio ya se había producido, y no había más.
Y así pasó un año, la hostelería se resintió y muchos negocios cerraron, acuciados entre otras cosas por la falta de calor, sol, y esas cosas características de la antigua primavera y el consiguiente y extinto verano.
Y ahí se fue todo al garete, con la ayuda de los "meteorópatas", como los bautizaron. Un grupo cada vez mayor de gente cuyo estado de ánimo no sólo no soportaba aquellas condiciones de vida, sino que variaba aleatoriamente, y cada vez a peor. La gota que colmó el vaso fue cuando ese grupo de gente emigró a estados unidos buscando la respuesta en la tradición de las marmotas y su instinto animal para los cambios de tiempo.
Ese año ni siquiera salieron de sus madrigueras y los cada vez más locos meteorópatas empezaron a asesinarlas a sangre fría dentro de sus propios cubículos. Murieron cientos de miles, quemadas, descuartizadas, y el frenesí se fue apoderando de la sociedad, bajo un tiempo que nunca cambiaba. Les hizo desdesperar, y luego fueron a por nosotros...
Muchos fueron los asesinados, y los demás, diezmados, no tuvimos más remedio que escondernos de ellos. Sólo querían que lo volviéramos a sentir, pero era inútil... Los iones que antaño nos provocaban esas sensaciones ya no llegaban a la atmósfera, no éramos nadie.
Ellos se hicieron con el poder, invirtieron todo el dinero y esfuerzos en crear buenas condiciones meteorológicas de manera artificial, grandes centros de primavera, verano e incluso otoño plagaban las ciudades. Al campo ya no quería ir nadie, se hacinaban todos en esos "paraísos". Todo lo demás murió.
Pero hoy ha vuelto a pasar, mi tobillo duele, con esa sensación de pinchazo agudo y presión sanguinea de antes, creo que fuera va a pasar algo. Barrunto que va a cambiar el tiempo...